
Imaginen por un momento que una de las canciones más importantes de sus vidas nunca hubiera llegado a sus oídos. Que ese himno que bailaron en una fiesta, que dedicaron con el corazón roto o que escucharon tantas veces en el radio de su auto mientras cruzaban las carreteras de California o Florida, fuera simplemente una idea guardada en un cajón. Esta es la historia real detrás de ¿Y cómo es él?, la obra maestra que definió la carrera de José Luis Perales y que, por poco, termina en la voz de otro artista.
Era 1982, una época donde las baladas dominaban las listas de éxitos y el sonido de las estaciones de radio nos conectaba a través de las fronteras. José Luis Perales, un compositor prolífico conocido por escribir éxitos para otros, había creado esta pieza íntima pensando en alguien más. Originalmente, el cantautor no tenía intención de interpretarla. Él quería regalársela a otro cantante, alguien con una voz que pudiera cargar con el peso emocional de una letra dedicada a la exmujer de un amigo, una historia de dolor, aceptación y amor profundo que resonaba con cualquier persona que hubiera enfrentado una despedida.
Sin embargo, la industria musical tenía otros planes. Cuando los ejecutivos de su compañía discográfica escucharon la maqueta original, la respuesta fue contundente: no permitirían que la canción se fuera a otra parte. Le exigieron a José Luis Perales que él mismo la grabara. El músico, quien prefería mantenerse en un perfil más discreto, se vio forzado a aceptar el desafío. Fue una decisión de negocios que, sin saberlo, cambiaría para siempre la música romántica en español. La autenticidad que él le imprimió a la letra, esa voz que suena a confesión en voz baja, es lo que convirtió al tema en un fenómeno de ventas internacional.
Al lanzar el sencillo, el éxito fue inmediato y abrumador. ¿Y cómo es él? se convirtió en una pieza indispensable en las colecciones de discos de nuestra comunidad hispana en Estados Unidos. Para muchos de nosotros, esta canción es un viaje directo a los años ochenta, a esos momentos donde la música se escuchaba en los Walkman o en los Jukebox de los restaurantes locales. Es imposible no sentir un nudo en la garganta al escuchar esa melodía icónica, una prueba de que, a veces, las mejores creaciones surgen de la presión y no de la libertad total.
¿Se imaginan cómo habría sido la historia de la música si esa canción la hubiera cantado alguien más? Es probable que no tuviera ese sello de honestidad que José Luis Perales le otorgó desde el primer segundo. Hoy, al mirar hacia atrás, agradecemos que la disquera haya tomado esa decisión. La próxima vez que escuchen la voz de José Luis Perales interpretando este himno, recuerden que estuvieron a punto de perderse esta joya por un detalle de contrato. ¿Qué otra canción de esa época les trae tantos recuerdos como esta?












